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El Tumblr de Uriondo

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May
26th
Mon
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Oliver y Max

Si no fuese porque conozco a Ángela Armero desde hace muchos años, jamás habría leído este libro. No suelo leerme libros sobre el Holocausto del mismo modo que no leo libros sobre el Titanic o sobre la Guerra Civil. No me interesa la ficción sobre ninguno de estos fenómenos a menos que sea especialmente original o dé alguna vuelta de tuerca a la cosa. ¿Zombis nazis en el hielo? Maldición, lancé una Page en Facebook con más de 10.000 likes sobre una película así. ¿Vampiros en la Wehrmacht? Cuenten conmigo. ¿Brad Pitt fingiéndose italiano para matar a Hítler? Allí me tienes. ¿Un montón de señores salvando obras de arte de los nazis? Meh. ¿Un niño en una granja con un pijama a rayas? Nah.

Leeré toda la historia que pueda sobre esa época, tengo mucha curiosidad por el documental El Decente, basado en las cartas de Himmler, y he visitado un campo, intentando hacerme una idea de la organizada locura que pusieron en marcha los tipos más puntuales de Europa. Pero la apropiación del Holocausto para la ficción histórica en forma de bestseller no es lo mío. De joven sufrí con La Vida es Bella y aluciné con Alumno Aventajado (quizá uno de los mejores relatos de Stephen King), pero hoy intento evitar este tipo de literatura.

El problema es que sí conozco a Ángela Armero. Me consta que es una guionista reputada y que ha trabajado en series de éxito. Pero tampoco veo televisión nacional, así que en realidad sólo pienso que es buena porque ¡sigue trabajando en ello después de tanto tiempo!

No he visto nada escrito por ella, que yo sepa, y es su primera novela en solitario, así que cuando me llegó a la redacción Oliver y Max tuve sudores fríos. Ángela me cae bien y yo soy muy burro, así que si no me gustaba tendría que decírselo.

Me llegó a la redacción hace pocos días, con una bonita dedicatoria, y me lo llevé a Lisboa, a la final de la Champions. No sabía si en el grupo de periodistas habría algún español y pensé que quizá necesitaría leerme uno o dos capítulos para pasar el rato.

Empecé a leer Oliver y Max cuando me obligaron a apagar el móvil en el avión y cuando llegué a la capital de portugal, algo más de una hora después, me había leído ya la mitad. No soy un prodigio, es un libro cortito. Pero también es tremendamente ameno.

Al igual que hizo mi señora esposa en El Tercer Estado, Ángela ha optado por la primera persona, en este caso repartida entre los dos personajes protagonistas. Un padre y un hijo, enmbarcados en un Lo Imposible forzoso, se enfrentan a una situación verdaderamente jodida.

Como la historia comienza desde el punto de vista de un niño, nos encontramos con una historia que bien podría llamarse ‘Manolito Gafotas en la Guarida de Cráneo Rojo’. No quiero desvelar nada sobre la trama, pero sí dejar claro que un porcentaje elevado de los personajes se merece recibir desde una colleja fuerte hasta un tiro en la nuca. Ángela desarrolla bien la (muy complicada) voz infantil y te engancha con la ternura.

Oliver y Max juega con un cuento tradicional del folklore oral germano y le da forma de una manera peculiar. Otorga a la historia un extra de profundidad que se agradece, incluso en un texto tan cortito. Incluso decir de qué cuento se trata entraría en la categoría de spoiler, pero no dejo de preguntarme cómo a nadie se le había ocurrido algo así antes. 

La propia Ángela, en su blog, hablaba de cómo todo esto se inspira en el terrible programa nazi de eugenesia Aktion T4. Como para quitarle el sueño a cualquiera. 
En suma, y ya termino, Oliver y Max es un libro muy ameno que jamás me compraría por ser una temática que me da pereza. Y me equivocaría, porque mola y concentra unas pocas muy buenas ideas en el espacio justo.
Apr
11th
Fri
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Joven atractiva rechaza al sheriff de Banshee por no ser “su tipo”

La sorpresa saltó ayer en los corrillos del diminuto pueblo de Banshee, en Pennsylvania, cuando la joven Anne Craft, que había acudido al pueblo para visitar a su madre enferma, regresó a Nueva York dos noches después de su llegada sin haber mostrado en ningún momento el menor interés por acostarse con Lucas Hood, sheriff de la ciudad y celebridad local.

"Estaba muy desconcertado", reconoció Hood. "Entró en el bar de Sugar Bates, pidió una cerveza y se fue después de tomársela. Me sorprendió un poco, pero no pensé que estuviera pasando nada serio. Me imaginé que ya tendría ocasión de defenderla de algún mangurrián a la salida del local o que estaría esperándome a la puerta de mi habitación. Pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que no estaba. Cuando me dijeron que había vuelto a su ciudad debo reconocer que me quedé pensativo", indicó Hood.

La comunidad está conmocionada por el insólito acontecimiento, e incluso el fiscal Gordon Hopewell se mostró cariacontecido. “No debería importarme lo que le pase a este tipo, pero no es un desprecio sólo a él. ¡Es un desprecio a las tradiciones más respetadas de esta comunidad!, afirmó. Su mujer, Carrie, acudió pronto al bar de Sugar para consolar al Sheriff. “Es lo menos que puedo hacer”, indicó Gordon.

"No entiendo tanto alboroto. Es guapo, sí, pero no es mi estilo. Me gustan más los chicos altos y delgados con pinta de profesor universitario. Mucho mejor si tienen el pelo largo y se cocinan su propio pan. No me va nada el rollo de tipo duro. Pero lo cierto es que no entiendo tanto alboroto o que mi madre esté enfadada conmigo. Tampoco es que el Sheriff hiciese ningún intento de ligar conmigo", aseguró Craft.

Hood se mostró ofendido por dicha reacción. “No lo entiendo. ¿Hablar con ella? Desde que llegué a esta ciudad no puedo ni lavarme los dientes sin que alguien me ponga una teta en la boca”, lamentó el agente de la ley.

El propio Sugar Bates explicó a este diario su propia teoría. “El otro día entró en el bar un tipo muy grande y con pinta de ser peligroso. Le sacaba a Hood más de una cabeza. Músculos como troncos. Se notaba que el sheriff estaba en guardia, preparado para cualquier cosa. Pero lo único que hizo el gachó fue abrir un libro sobre cómo cocinar con Thermomix, tomarse una Coca-Cola Zero y salir del bar sin armar jaleo. Nos descolocó a todos. Incluso yo tengo que reconocer que me tuve que contener para no dispararle por las espalda con la recortada que guardo debajo de la barra. No porque hubiera hecho nada. Casi por costumbre”.

Al poco tiempo de estos extraños eventos, sin embargo, la vida volvió a la normalidad para los asustados habitantes de este pequeño pueblo de Pennsylvania, cuando una joven y pechugona aspirante a actriz que huía de un peligroso mafioso albano-kosovar de dos metros decidió encontrar un poco de solaz en los fuertes brazos de Hood antes de sucumbir a un destino en forma de bala de 9 mm. Aliviado, el sheriff derrotó al fornido y despechado examante asesino en una pelea sin camiseta junto a un molino Amish. Pese a sufrir numerosas heridas y contusiones, y aunque se dejó dos dientes en la pelea, Hood parecía francamente contento de camino al hospital. 

Nov
4th
Mon
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Thor, El Mundo Oscuro

Contiene toneladas de spoilers


Que nadie se confunda. Las películas de Thor no han suprimido la gran personalidad del fornido superhombre, convirtiéndole en un pelele en manos de un grupo nutrido de secundarios con mucha más personalidad que él. Thor siempre ha sido así.

Recuerdo cuando leí mis primeros tebeos de Thor. En ellos, Thor mantenía una personalidad dual ya que Odín le había castigado a vivir la vida de un inválido, el doctor Donald Blake (Jane Foster era su enfermera, no una astrofísico).

En realidad, ésa fue siempre la receta del éxito de la Marvel más temprana: convertir las debilidades de sus personajes en la principal fuente de empatía. Nunca fueron héroes perfectos, siempre seres torturados que vivían atrapados en una doble vida. El ciego Daredevil, el empollón Spider-Man, la familia en Los Cuatro Fantásticos, con un Tío Ben atrapado en un cuerpo rocoso… Y eso por no hablar de Hulk y su problema de personalidad múltiple, el problema de crecimiento a lo Messi del Capitán América o el problema de corazón de Tony Stark (después el talón de Aquiles sería su alcoholismo). Para Batman y Superman, sus personalidades secretas eran (y son) apenas una tapadera barata. Para los personajes Marvel, son casi más importantes que sus aventuras. 

Pero con Thor la debilidad humana terminó abriendo paso a la divinidad sin complejos. Y los dioses son personajes tremendamente aburridos. 

Así pues, no es justo culpar a Chris Hemsworth de haber creado un Thor sin personalidad porque, en realidad, es el mejor Thor que hubiera podido imaginar. Tiene la planta, la voz y el talante. Es, como en los cómics, un tipo arrogante y fiestero que tiene que aprender lo que significa la responsabilidad. Y, como todos los ex quarterbacks reconvertidos en varones serios, se toma a sí mismo demasiado en serio.

Thor es un personaje limitadito que arroja destellos de humor aquí y allá, el cachorrito con six-pack que la laureada doctora quiere atar a la cama. Pero nunca será la herramienta más afilada de la caja. Ese honor le corresponde a su hermano Loki, un Tom Hiddleston que aprovecha cada ocasión que se le presenta para comerse en pantalla a actores mucho más mediocres. El único actor que ha estado a la altura del británico en todas las películas Marvel que hemos visto hasta ahora fue Robert Downey Jr.

El primer acierto de Thor fue juntar al personaje con un montón de secundarios más interesantes. Tener a Anthony Hopkins interpretando a Odín es una verdadera gozada con la que, de adolescente, no habría soñado siquiera. Y, sin salirnos de los dioses, la cosa es bastante impresionante. Rene Russo, con su belleza prerrafaelita, es una Frigga imponente. Idris Elba es un Heimdall mucho más impresionante que en los tebeos, y su pequeño gran momento de acción es una de las mejores secuencias de la película. Los tres guerreros están bien escogidos. Ray ‘Tito Pullo’ Stevenson es un Volstagg poco voluminoso pero muy creíble. El bueno de Zachary ‘Chuck’ Levi es un Fandral de repuesto bastante solvente, tras la partida de Josh Dallas, ocupado haciendo de Príncipe Encantador en Once Upon a Time. Dudo mucho que su contrato no tuviese una cláusula para varios filmes, pero Disney prefiere tener a Dallas en el papel de David para la ABC y, a fin de cuentas, el señor Bartowski fue, en su día, la primera opción para el papel. Jaimie Alexander, a quien podéis conocer de Nurse Jackie, es una Sif todo lo imponente que debería, mucho menos camp que la que vimos de refilón en la primera entrega. Hogun el torvo está de turismo por su planeta. Y parece contento (¿?)

Y si el reparto de dioses impresiona, el de humanos repite sus hallazgos. Stellan Skarsgard, el Jan de Rompiendo las Olas, ha construido un doctor Erik Selvig todo lo chiflado que le corresponde. Natalie Portman parece divertirse con la supeproducción. La Max de 2 Broke Girls, Kat Dennings, se monta una Darcy hilarante. La subtrama del becario de la becaria es de lo más divertido de la película. Incluso se han tomado la molestia de buscarle un interés romántico alternativo a la doctora Foster, un Chris ‘IT Guy’ O’Dowd siempre en estado de gracia.

Con tanto personaje y este elenco de magníficos actores la duda es si habrá una historia a juego. El villano de la función es Malekith el Maldito, capo de los elfos oscuros de Svartalfheim, interpretado por Christopher ‘The Doctor’ Eccleston. Los guionistas de la aventura se imaginan un arma poderosa, el Eter (en la versión original todo el rato sonaba ¡la ETA! ¡la ETA!), que Malekith quería utilizar para traer una nueva oscura a los nueve mundos y blablablabla.

No nos engañemos, todo lo que tiene que ver con los planes del villano es un ejercicio de vacuidad sideral, un ejercicio construido a desgana y que sirve apenas para mantener el interés, que corre a parte de los personajes. Lo importante para los guionistas es mantener el interés por los personajes y construir situaciones que poder utilizar en filmes futuros y en otras entregas de Los Vengadores.

¿Terminar con los Nueve Mundos y reconstruir el Universo aprovechando un alineamiento cósmico que se produce cada enemil años? No es original ni interesante, pero sirve para los propósitos de Marvel.

El primero es que Foster y sus compañeros se presentan como una suerte de Cazafantasmas modernos acostumbrados a lidiar con el mundo de dioses y encontrarle un cierto sentido científico. Aunque ninguno que consigan transmitir al público, claro. Esto les permite encontrar en Londres la clásica ruptura en el tejido de la realidad que produce el alineamiento de los Nueve Mundos. Y, de paso, contaminar a la doctora Foster con el Eter.

Mientras tanto, Thor está haciendo de pacificador intergaláctico, convirtiendo a Asgard en una suerte de Estados Unidos que pone la paz allí donde la quieren y donde no. Odín se nos presenta como una suerte de dictador dispuesto de sacrificar “hasta la última gota de sangre asgardiana” para demostrar que tiene razón. Una figura autoritaria que empieza a barajar, por cierto, la idea de jubilarse y dejar el mando a su hijo predilecto. Ya es más de lo que hace nuestro Rey.
Pero Thor está enamoradisco. En dos años no ha conseguido olvidarse de la doctora de la que se enamoró en tres días, a la que no ha vuelto a ver y que, en comparación con él, tiene la esperanza de vida de una mosca de la fruta. Para colmo, los racistas de Asgard no entienden que pueda tener interés en una moza que, vitalmente, tendrá en él menos impacto que un Erasmus.

Afortunadamente, tiene los ojos que todo lo ven de su colega Heimdall, que la persigue con su mirada cósmica hasta en la ducha. “No, no he estado contigo estos años porque estaba liado siendo una fuerza de estabilización interestelar pero, oye, he tenido a un negro enorme siguiéndote como un pervertido cada noche”. Mmm, probablemente eso no hubiese funcionado.

El caso es que, tras almacenar el Eter en su interior (ya es casualidad), la doctora Foster se va de viaje por Asgard para conocer a los padres de Thor, que aceptan con filosofía la noticia de su fallecimiento. “Total, si para lo que te iba a durar, mejor que se muera y te enrollas con Sif, que es de la ciudad y vivirá miles de años como tú”.

Mientras, se nos revela que Loki es un cabrón pero no un hijo de puta, y que la pobre Frigga le sigue queriendo más allá de sus desmanes, un sentimiento que parece recíproco. En ese momento ya sabes que va a morir.

Y, efectivamente, la matan, dando a Loki la posibilidad de unirse a Thor para vengar su muerte y darle lo suyo a Malekith. Aunque, más que darle lo suyo, le dan lo que quieren y se quedan siquiera sin las gracias. Loki, para colmo, estira la pata en los brazos de su hermano (guiño, guiño).

Todo en orden para una batalla final que transcurre de una forma un poco extraña, con agujeros entre mundos, bestias sacadas de quítame aquí este mundo de gigantes, y un sentido del espectáculo muy superior al de la anterior entrega. No es lo mismo Londres que un poblacho de Nuevo México, y los personajes se van pegando leches por tantos decorados que hasta el martillo parece mosquearse. Mientras tanto, la doctora Foster ha conseguido palos mágicos que le permiten librarse de los malos con un mando de videoconsola y el becario de la becaria utiliza los coches flotantes para zurrar a los elfos oscuros.

Dicho así, suena todo muy chungo, y probablemente nadie que viese la primera con asco disfrutará de la nueva entrega. Pero es realmente divertida de ver una vez que aceptas que se trata de un espectáculo de superhéroes poco exigente pero muy bien hecho que Marvel, una vez más, ha sacado adelante. Mucho mejor que la flojísima Iron Man 2 y que la entrega de Kenneth Branagh.

¿Y qué nos trae para Los Vengadores? Varias cosas, la verdad. Loki coronado como rey de Asgard y Odín en alguna mazmorra. El descubrimiento de que el Eter es, en realidad, una de las gemas del Infinito, como el Teseracto, y de que el Guantelete que persigue Thanos tiene que estar al caer. La aparición estelar de Benicio del Toro como El Coleccionista, que aparecerá también en Guardianes de la Galaxia implica que, forzosamente, tendremos que repasar los comics de Jim Starlin.

En las pelis están rescatando la trama cósmica creada por este autor y todo apunta a que veremos a otros de sus protagonistas. En Guardianes seguro que aparece tarde o temprano, o al menos se insinúa, la figura de Warlock y el Magus. La Iglesia Universal de la Verdad debería caer en algún momento. ¿Y la Muerte?

En realidad, sería genial que los Cuatro Fantásticos no estuviesen en manos de Fox (como X-Men), porque la saga cósmica sin Galactus o Silver Surfer se me va a hacer rara, pero así están las cosas. Sólo espero que Mark Millar trabaje duro para ayudar a dar algo de coherencia al subuniverso Marvel de este estudio y confío en que, tarde o temprano, las piezas terminen encajando. Porque un universo Marvel en el que Spider-Man está en Sony, los mutantes y los 4F en Fox y el resto de propiedades gestionadas por el mismo estudio es, cuanto menos, una faena de cara a la integridad de los universos fílmicos de todas ellas.

Y eso es lo bonito de todas estas películas, ver a los espectadores atando cabos entre películas y disfrutando de una parte del sentido de la maravilla que tuve durante mi infancia. Un hipster diría “esto era mejor cuando sólo lo conocía yo”. Pero es mentira. Ahora todo es mucho más divertido.

Oct
27th
Sun
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Speculorum Gravitas (Spoilers)

Smoke and mirrors. Humo y espejos. Esta frase en inglés, inspirada en el arte de los magos, se refiere a todo aquello que aparenta tener más verdad y trascendencia de la que en realidad tiene. Lo que nos distrae de la realidad, lo que nos permite ver maravillas donde sólo hay engañifa. El caso es que, para mí, el cine siempre ha sido una forma de magia. Te mantienen atado a la silla durante un par de horas, te entretienen haciéndote creer que todo es posible y te devuelven al mundo. Si la labor crítica empieza en la calle, es que el objetivo fundamental se ha cumplido.

Me acerco a ver Gravity por dos motivos fundamentales. El primero es que mi mujer es una amante de la aventura espacial que no sólo soñó con ser astronauta sino que miró de verdad qué pasos tenía que dar para conseguirlo y aún llora cada vez que le pones Apollo 13. El segundo es que pocas películas han conseguido una aclamación crítica similar, con un 97% en el ranking de Rotten Tomatoes, un 96 en Metacritic y 8,6 en IMDB.

Pero en realidad no me gustan las películas de astronautas. No demasiado, al menos. Son muy “de verdad” para un amante de la ciencia ficción como un servidor. A pesar de que son nuestros auténticos aventureros espaciales, siempre me han parecido una suerte de muñecos de Michelín que se mueven despacito y no lograrían frenar una invasión Skrull ni por casualidad.

Así que entro a ver Gravity con el convencimiento interno de que voy a aburrirme y de que todos los críticos se han conjurado para timarme. Gran error. La película de Alfonso Cuarón se presenta como una montaña rusa apasionante que te mantiene pegado al asiento durante un par de horas y que crea una protagonista, la doctora Stone, que va a pasar a ese Olimpo peculiar de mujeres fuertes de la Sci-fi.

Porque Alfonso Cuarón es, con apenas cuatro películas relevantes en la mochila (Y tu mamá también, Harry Potter 3, Hijos de los Hombres y Gravity), un magnífico director. Hasta Gravity, mi película favorita de su filmografía era, precisamente, la de Harry Potter. Y aún hoy lo es, en cierta forma. Era un proyecto cargado de retos formales impresionantes y del que Cuarón salió como un campeón. Había heredado dos filmes mediocres de Chris Columbus y creó a partir de ellos un film magnífico que, además, se convirtió en la referencia ineludible para el resto de películas.

Vale, quizá Hijos de los Hombres era una película mejor, pero era TAN difícil que la tercera parte de Harry Potter fuese buena… Había tantos condicionantes para la visión creativa de Cuarón, tantos intereses comerciales en juego, que sorprende la capacidad del director para sacarla adelante a su manera.

Pero volvamos a lo que nos ocupa: Gravity.

La película comienza casi exactamente como en el trailer, de manera que nos encontramos con una científica perdida en el espacio y, aparentemente, sin forma de regresar a la nave. Que nadie espere una película trascendente o solemne. Gravity es una aventura tan vieja como la vida, la de un náufrago que hace todo lo que está en su mano para sobrevivir mientras, por el camino, tiene que decidir si realmente quiere seguir adelante.

Porque la doctora Stone vive lastrada por una pérdida, la de su hija de cuatro años, fallecida en un accidente absurdo. Como los personajes de la película, arrastrados por el movimiento inercial en gravedad cero, la doctora Stone no siguió adelante porque superase tamaña tragedia, sino porque no había nada que le opusiese resistencia. No ha pasado por las fases de duelo clásicas y, desde luego, no ha superado la muerte de su hija. Simplemente se sube en la tabla de surf de su competencia profesional y se deja llevar, intentando no pensar demasiado. Conduce sin más.

Frente a este personaje atormentado nos encontramos a Matt Kowalsky, un astronauta guapetón y dicharachero que hace las veces de animal tótem. Es un tipo peculiar que combate el miedo como Spiderman, burlándose de la muerte sin parar de hablar. Un héroe clásico que no sólo tiene la entereza de rescatar a su compañera sino que, además, la pone en la senda de la recuperación espiritual.

Stone se pasa buena parte de la película aprendiendo a liberar cosas. Empieza liberándose de la carabinera para no ser proyectada aún más lejos en el espacio. Tiene que soltar a su compañero para sobrevivir. Necesita desacoplar la cápsula Soyuz de la ISS. Debe salir al espacio para soltar el paracaídas. Liberar la cápsula china. Salir de la misma una vez que se hunde en el mar. Nudo tras nudo, la doctora se va liberando de la pena.

La falta de gravedad supone una metáfora en muchos aspectos. Se dice que los humanos regresamos a la posición fetal en casos de angustia y dolor, y es cierto. Stone, tras perder a su compañero y volver a respirar, adopta esa postura y flota durante unos instantes sin dolor en una de las escenas más bellas del film. En realidad, es lo que ha hecho desde que su vida se destrozó. Ha escapado hacia la gravedad cero, ante la calma impasible, hacia un feto cósmico en el que volver a sentirse segura.

Cuando finalmente llega a la tierra, la doctora se enfrenta a la realidad. Se enfrenta a la vida. Lucha contra la gravedad. Porque, como dice Beth en el segundo episodio de la cuarta temporada de The Walking Dead, “cuando te preocupas por alguien, el dolor es parte del paquete”. El momento en el que la machacada doctora se pone en pie representa lo que ha venido haciendo durante las últimas horas. Ponerse en pie, atreverse a luchar contra el infortunio y el desaliento. No abandonar.

Y sí, podemos discutir sobre los (enormes) agujeros del argumento en la película. ¿Por qué si te falta oxígeno hablar como un loro es la respuesta? ¿No hubiera bastado con un tironcito para que Matt volviese atrás en gravedad cero? ¿Los restos de satélite asesinos están teledirigidos? ¿Cómo diablos superó la doctora Stone los miles de test de personalidad a los que hay que someter a los astronautas cuando tiene más problemas mentales que un Bruce Wayne adolescente? Y así sucesivamente.

Si la película ha sido un éxito se debe a que es fácil ponerse en la piel de Sandra Bullock. Tengo una hija de cuatro años, y lloré como un cretino cada vez que el director pulsó las teclas de “hacer llorar al personal”. Como en Lo Imposible de Juan Antonio Bayona, Cuarón sabe generar empatía cuando toca hacerlo, aprovechando los recursos clásicos del melodrama y trampeando con la empatía. ¿Tramposete? Sí, pero funcional.

Porque al final de la película podemos hablar de física, teoría de cohetes o termodinámica avanzada, pero hemos vivido con los pelos de punta una aventura realmente asombrosa y hemos salido convencidos de que el ser humano es una máquina de sobrevivir, tanto en lo práctico como en lo emotivo.

¿Funcionaría todo esto sin la imaginería de la película? Probablemente, pero no habría sido el fenómeno en el que se ha convertido. Con Gravity hemos sido sometidos a imágenes enormemente originales y poderosas que se quedarán con nosotros para siempre, especialmente si las hemos disfrutado en 3D y en una sala grandota. Hubiera preferido verla también en VOS, pero es difícil hacer coincidir las tres dimensiones con la versión original. Al menos, los actores de doblaje hacen un trabajo digno y, lo que es más importante: son las voces que asocio a Sandra Bullock y a George Clooney. La voz que se reía de Silvester Stallone en Demolition Man y la que decía aquello de “quizá sea un cabrón, pero no soy un puto cabrón”.

Como ya has visto la película, no te estoy contando nada que no sepas. Y si no la has visto, ¿qué narices haces leyendo todos estos spoilers?

Pero es lo bueno de ciertas películas. Te dan ganas de hablar de ellas. Gravity es así.

Jul
4th
Thu
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Discurso inspiracional para el 1er #PlumillasVsDirectivos

Este es el inspirador discurso que he enviado hoy por emilio a la panda de periodistas con la que desafiaremos a los ejecutivos de Vodafone en el campo de Fútbol 7. Es el tipo de discurso del que Patton se habría descojonado. Sun Tzu habría tirado la pluma y Escipión probablemente me habría mandado ejecutar. Pero ahí está. No para la historia, pero al menos sí para Tumblr…

La hora de la verdad

Vale, chicos, ha llegado la hora de la verdad. Espero muy poco de vosotros. La victoria NO es importante. La eternidad tiene cosas mucho más importantes en las que pensar. El legado de lo que hagáis se extinguirá con la primera caña. No es un partido clave, ni tenemos que ir partido a partido, ni cada nuevo encuentro es una final. No vamos a infiltrarnos y muchos de nosotros ni siquiera calentaremos apropiadamente. No voy a enseñaros el dinero porque ¡no hay dinero! Para vosotros, un agente libre es uno que no está en la cárcel. Meterle un dedo en el ojo a Pepe Romero me parecería una grosería y, aunque alguna vez os hayan cobrado una factura de más, nuestros rivales no son nuestras némesis. 

Somos señores, pero no por el señorío, sino porque muchos de nosotros tenemos barrigotas y las niñas de 20 años nos llaman “señor”. No aburrimos a nuestros rivales con el tiquitaca, ¡lo hacemos por la cantidad de goles que nos meten en poco tiempo!  Si jugásemos contra los nazis en el campo de prisioneros, preferiríamos huir antes que terminar el partido. Nos llaman mantas, ¡pero las mantas no pesan noventa kilos y sólo se empapan de cerveza en caso de accidente! 
Vamos a reírnos, a saludarnos y a que los directivos de Vodafone nos recuerden como esos tipos que ganan poco, beben mucho, no saben lo que es un bono ¡pero se quieren a pesar de trabajar en empresas que compiten entre sí! 
Cuando pongamos juntos las manos y las levantemos, pareceremos tontos. ¡Y no habrá remontadas de última hora! No vendrán mujeres hermosas para recordarnos nuestros tiempos de gloria ni fantasmas de antiguos jugadores nos ilustrarán sobre el verdadero significado del juego.
Si viniesen los persas a por nosotros, ¡no resistiríamos ni un asalto! ¡probablemente huiríamos y los directores de nuestros medios publicarían en portada ‘Tremenda derrota frente a las tropas de Jerjés. ¡Loor y gloria a Jerjés!” 
¡Somos PERIODISTAS! No ganamos. Nos emborrachamos, nos divorciamos y tratamos de contar toda la verdad que podemos mientras intentamos que no nos quiten la publicidad. Es la hora de la verdad porque somos las putas de la verdad. Somos el lado tonto de Superman, la zorrita de Kevin Spacey en House of Cards, o el hígado de Salvador Sostres. 
Somos el cuarto poder, lo que quiere decir que ni siquiera estamos en el jodido podio del poder. ¡Apenas tenemos un diploma olímpico del poder! 
Vamos de blanco porque no somos los azules, los rojos, los naranjas ni los amarillos. Porque aunque es un color muy sucio intentamos mantenerlo limpio todo lo que podemos. Así que ahí quiero veros, dándolo todo aunque todo sea poco. Como siempre hacemos, como siempre haremos. 
Pablo en la portería se tirará sólo si se apetece. Víctor desde el centro de la defensa os organizará a Lorenzo, Hergueta, Tomás y Juan para defender. Antonio, defender consiste en correr muy pegadito a ellos, como en los primeros minutos de cualquier maratón y empujarles sin que se note si crees que van a tirar. Miguel repartirá todo el juego que pueda a Marcos y Javi, que son los “pásasela a ellos” de nuestro equipo y los que, dentro de lo posible, no quiero ver en el banquillo. Nacho y yo nos turnaremos para haraganear en el área en busca de algún gol tonto o de rebote. 
Os veo en un rato. Este partido ¡LO VAMOS A PERDER!
Jun
24th
Mon
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El Hombre de Acero: Superman contra Tejero

¡PLAGADO DE SPOILERS! ¡NO LEAS ESTO SI NO LA HAS VISTO!

El Hombre de Acero, así se llama la última película de Zach Snyder. Un creador que me entusiasmó con el remake de Amanecer de los muertos, que me sorprendió por su energía en 300, que me despistó con bellas imágenes y graves problemas de ritmo en Watchmen, que rodó una película sobre búhos y salió indemne y que demostró muchas cosas (casi todas malas) en Sucker Punch. 

Pero Man of Steel, que va camino a convertirse en un megahit mundial a la altura de Iron Man 3, con la complacencia de David Goyer y Chris Nolan, es otra cosa completamente diferente. Algo poco sorprendente, habida cuenta que este buen hombre no ha rodado dos películas ya no iguales, sino siquiera parecidas.

En mi contra debo admitir dos cosas sobre el film. Lo primero es que estaba muy cansado cuando lo vi y que probablemente eso afectó negativamente a mi percepción. Lo segundo es que por cuestiones de horario cometimos el error de entrar en una sesión en 3D, y Man of Steel no sólo no aprovecha ninguna virtud (si quedan) de esta tecnología, sino que empeora notablemente por su culpa. 

Dicho esto, la película comenzó fuerte, con un par de escenas realmente potentes y la clara impresión de que los autores de la película al menos habían tenido la decencia de leerse Mundo de Kripton y el Superman de John Byrne. Algo es algo.

En esas escenas añaden a la historia clásica una insurrección militar perpetrada por Zod, el Tejero de mi titular, que entra en el equivalente kriptoniano del Congreso gritando “se sienten, coño”, y desintegrando a la legisladora menos afortunada. Como en el caso español, la cosa queda bajo control y el militar con ínfulas acaba en la zona fantasma. Me pregunté si Kripton tendría rey y si, por el mero hecho de no aliarse con Zod, los kriptonianos le perdonarían cualquier cosa a su estirpe en los años venideros. ¿Habrá paquidermos en el espacio? Pero explotó el planeta y me quitaron el problema de encima.

En estos momentos vemos un par de cosas importantes. La primera, un diseño de producción impecable y muy fantasioso que se aleja de los cristales que tanto nos fascinaron a Bryan Singer y a mí pero que, sorprendentemente, funciona.

Es un tipo de estética que me recuerda poderosamente a Juan Giménez pero, incluso aún más, a José Omar Ladronn, un fan de Kirby al que tengo perdida la pista y que durante años me pareció lo más interesante que había salido del comic mainstream americano.

La segunda: queda claro que la película va a ser muy larga. No os confundáis, me encantan las películas largas. Pero en este caso se ve desde el principio que ésta va a serlo. Para bien o para mal.

Me gusta la idea de ese Superman sin capa recorriendo el mundo en busca de su lugar de origen, haciendo el bien con el espíritu de Michael Landon y los músculos de The Rock. E incluso me gusta la idea del puesto de avanzada como Fortaleza de la Soledad. 

Creo que el concepto de Superman luchando contra sus poderes e incluso la atmósfera terrestre durante sus primeros años es brillante. Distancia bien al personaje del resto del mundo y facilita que sus padres adoptivos le inculquen sus valores a su manera. Si Gladiator hace un Jor-El distinto pero original, Kevin Costner se marca un Kent Sr. que, al menos en las primeras escenas, parece sólido.

Diane Lane, por más canas que se ponga, es una de las bellezas más interesantes y menospreciadas de los últimos treinta años en la industria, y cualquier película gana un par de puntos sólo por tenerla en ella. Aunque puede ser que aún esté entusiasmado por su papel de seductora triste y muy crepuscular en Hollywoodland, un pequeño Crepúsculo de los Dioses que, salvando las distancias, os recomiendo.

El problema es que todas las cosas buenas de la película se diluyen como azucarillos por una serie de razones que paso a comentar.

Amy Adams me gusta, pero no es Lois Lane y nunca podrá serlo. Sería, sí, una excelente hermana de Lois Lane, y la veo huyendo en brazos de un Bizarro enloquecido de amor. Pero le falta mucho para ser Lane, y no le llega a la suela de los zapatos a la anterior actriz que se metió en el papel. Lo cual es curioso, porque tanto como me gusta Adams detesto a Kate Bosworth. ¿Quizá es importante odiar a Lois Lane?

Otro aspecto difícil de aceptar de la película es el constante refrito religioso. Han querido rodar un producto que se vea con interés en el cinturón de la Biblia estadounidense y, para ello, han creado un film que no sólo es excesivo en sus nada disimuladas metáforas cristianas (si jugásemos a bebernos un chupito cada vez que Superman aparece con los brazos en cruz acabaríamos todos borrachos como chuzos), sino que también es soberanamente paternalista. Todos y cada uno de los personajes actúan por su propia imagen del honor y de lo que consideran justo para su país, su mundo o sus santas pelotas. 

Frente al villano de culebrón que era el Zod de Superman II, un chulazo homoerótico y sci-hipster que hacía las cosas con la naturalidad de quien se sabe monstruo, el Michael Shannon de Snyder es un militar estreñido y santurrón que se siente obligado a dar explicaciones de su particular cruzada a cada rato. Un hombre dibujado por Kirby en un día flojo que no llega a Terence Stamp a la suela de los taconazos.

Afortunadamente, Snyder salva de la quema a Ursa, nuestra imagen estereotipada de lesbiana chunga y, aunque le recorta centímetros, le suelta la correa y le cambia el nombre por el de Faora-Ul, le asigna tanto gusto por la destrucción y el asesinato gratuitos como el de Ana Mato por los payasos.

Lamentablemente, su personaje queda castigado con una lucha intrascendente con un militar terrestre sin personalidad que se atribuye el mérito de su destrucción. ¡Cuánto mejor era ver a Margot Kidder metiéndose con su estilismo glam y llamándola “hermana”!

Y es que si el Superman de Singer era un canto de amor al de Richard Donner, el de Snyder es una triste reconstrucción del de Richard Lester. Esto hace más difícil que me guste, ya que se trata de mi película favorita de la primera tetralogía.

Asimismo, la película está plagada de artificios de primero de columpios de guardería de guionista que podrían haber funcionado una vez, pero que acaban convirtiéndose en una parte clave de la historia, reforzando su absurda condición. ¿Por qué es tan importante que la dichosa llave kriptoniana se inserte en dos tiempos? ¿Se da cuenta el guionista de cuánta carne ha puesto en ese ridículo asador? ¿Para esto metes a Emil Hamilton en la historia? Y lo de engancharse una toalla roja en el tendal es de juzgado de guardia. Por no hablar de una serie de agujeros de guión en los que podría vivir una familia entera de Shai-Hulud.

Por no hablar de los detalles tontos. Ese padre que te pone el traje de superhéroe en el primer coche que te compra. Esa policía tontorrona que se felicita de lo macizo que se ha puesto Henry Cavill para hacer la peli, como si no bastasen sus vistosas escenas con el torso desnudo. O lo de poner al sicario de Kevin Spacey en House of Cards a hacer de Steve Lombard. El pobre comentarista deportivo se moriría al ver a un calvo sin bigote en su papel. ¿No hubiera sido mejor ver a nuestro siempre ligeramente orondo Nathan Fillion sacando mostacho?

Pero quizá lo más molesto para mí fuese el efecto de bola de demolición. En su empeño por hacer de esta película un film más violento que el anterior y más al alcance del tipo de público que acude en masa a ver una y otra entrega de Fast&Furious, sus artífices convierten la parte final de la película en un homenaje involuntario al cine de Michael Bay. Un horror vacui de caos y violencia que, de puro aburrimiento, te hace preguntarte vagamente si tener un superhéroe en el planeta no será una buena manera de reactivar la economía estadounidense. Alguien tendrá que volver a reconstruirlo todo. (Actualización: me cuenta @marveler que esto ha provocado infinito debate, y ojo a esta pedazo de infografía sobre los daños materiales causados por la pelea)

Por no hablar de las comparaciones. En Los Vengadores, un puñado de superhéroes frena una invasión que parece bastante más complicada causando lo que parecen bastante menos daños. Supes, en cambio, parece encantado de utilizar los edificios como porras. 

Y si algún comentarista ha lamentado la frecuente inserción, sin venir a cuento, de numerosos flashbacks, yo no pude menos que agradecerlos, aunque sólo fuera para descansar de tanta ensalada de leches y para ver el que quizá sea el sacrificio más estúpido de la historia del celuloide. Nota a mis queridos hijos: si alguna vez tenéis superpoderes y sois demostradamente invulnerables (algo que a todo buen padre le tranquiliza bastante), vais vosotros a recoger a la perrita al coche.

Como tantas películas hoy en día, me resulta muy difícil no valorar ciertos mimbres. Hay momentos en los que la película es realmente deliciosa. No puedo dejar de pensar en toda su tecnología de imágenes basada no en la luz sino en esos chismes que usábamos de pequeños para poner la forma de nuestra mano o hacer que nuestras caras pareciesen atrapadas en carbonita (¿sabe alguien cómo se llaman esas cosas?). Los kriptonianos sabrán volar en pájaro y viajar a otros mundos, pero nosotros les ganamos en el tema reproductivo y en las teles.

El problema es que hay tanta gente brillante trabajando en estas cosas, que es difícil no ver el trabajo de unos o de otros, pero si el ajuste final que otorga la autoría es el del director, Zach Snyder ha fracasado de forma clamorosa en su empeño, y no sólo por los fallos de guión o montaje. Siempre digo que los peores fracasos son los que están rozando el éxito, porque duelen más. Éste es, sin duda, uno de esos casos. 

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The Pitiflús Rise, by Christopher Nolan

El otro día estuve viendo The Pitiflús Rise, el último taquillazo de Christopher Nolan, y aquí van mis reflexiones sobre la película. Llevan algún spoiler suelto, pero nada dramático.

En realidad, he de decir que The Pitiflús Rise me gustó más que Pitiflus Begins y que The Dark Pitiflús. Sigue sin gustarme cómo enfoca Nolan al personaje de Pitiflús pero, al menos, la historia está algo mejor hilada y las set pieces, aunque rodadas con la torpeza habitual de Nolan para este tipo de cosas (todavía me acuerdo de las motos de nieve de Inception), al menos tienen algo que ver con la trama principal y no se cuelan porque sí en la historia.

Los medios especializados dicen que las películas de Nolan tienen que ver con Batman, un personaje carismático de DC y creado por Bob Kane, pero he llegado a la conclusión de que se trata de un error. Estas películas no tienen nada que ver con Batman.

En primer lugar, porque Batman no suele dar lecciones sobre política. El Pitiflús de Nolan ha pasado por varias etapas igual de chungas.

Empezó como una defensa de la filantropía imperante en EEUU como respuesta a la quiebra del estado del bienestar. Siguió como una reflexión sobre si la defensa de unos valores justifica cualquier tipo de invasión de la privacidad. Para colmo, cuando Pitiflus está dispuesto a devolver a las instituciones el rol que les corresponde (y sólo porque encuentra un individuo que le otorga confianza, no porque las mismas instituciones le inspiren ningún tipo de respeto), aparece un personaje secundario encarnación del caos que provoca una situación en el que el traspaso de poderes no puede realizarse. En la tercera, Nolan no ha dudado en hablar del 11S, del lugar del terrorismo en nuestra sociedad y de cómo es necesario que la sociedad civil se rearme frente al populismo imperante para combatir a quienes tratan de destruir el American Way of Life. El malo, Bane, es como una especie de Tea Party gigantesco.

En suma: es una saga pretenciosa y sobreexpositiva. No se conforma con tener una tesis, sino que te la pasa por la cara todo el rato.

Tim Burton, con todas sus rarezas, ajustó mejor su personaje a mi idea de lo que debe ser Batman: un enfermo que no sólo sufre de psicosis sino que contribuye a expandirla entre los individuos que se mueven por Gotham. El murciélago es sólo un excelente maestro de ceremonias tan enfermo como ellos. O más. El gran masoquista que nunca abandonaría su “lucha” porque la disfruta demasiado. Hay una parte de venganza, pero que nadie discuta que el murciélago disfruta demasiado del alimento de corazón de Bruce Wayne como para dejarle escapar.

Sin embargo, mis teorías de friki amargado caen en saco roto ante el éxtasis de unos espectadores sometidos a una experiencia Bourne pseudointelectual que les justifica la idea de ver las aventuras de un personaje que tenía mucha más gracia interpretado por Keaton, Val Kilmer o incluso Adam West. Adoran el Batman de Nolan porque es una película que pueden enseñar a sus novias y madres para decir: ¡mirad! ¡por esto me gustan los tebeos! ¡soy MUY profundo!

Yo, que tengo la autoestima lo bastante alta como para no necesitar rearmarme constantemente de género pulp reconvertido en material para adultos “sensatos”, lo pasé mejor con las dos entregas de Burton e incluso con la primera de Shoemaker, quizá la más entregada a la versión camp que nos entregó la serie protagonizada por Adam West.

En realidad, en Pitiflús sólo hemos visto un personaje que se ajusta como un guante a su rol en Batman. O, al menos, al que tiene en ciertas etapas de Batman. La Catwoman de Nolan es una combinación interesante entre la que nos presentó Miller en Año Uno y esa encantadora Lee Merriwether que jugaba con Adam West.

Si me apuráis, lo más triste de Pitiflús es que no sabe, no quiere y no le gusta ser Batman. Hubo un Joker, hace tiempo, que se preguntó: “¿De dónde sacará esa maravilla de juguetes?”. Ahora sabemos de dónde salen, incluso sabemos cómo están consignados en las cuentas de Industrias Wayne. Pero los juguetes ya no son una maravilla. Son cacharros son más propios de G.I.Joe que del Hombre Murciélago, fetiches paramilitares como las mujeres con metralletas de la ínclita Jackie Brown.

Un espectador, al acabar los créditos de Pitiflús, decía a sus amigos: “¿Véis como teníamos que irnos? ¡Al final no sale Samuel L. Jackson!”. Todos se rieron. Yo también. Pitiflús es demasiado soso para jugar con los Vengadores.

Los Vengadores de Whedon son superhéroes sin complejos ni vergüenza. Se notaba que Jeremy Renner se lo pasaba bien jugando a ser Ojo de Halcón, igual que los frikis de todo el mundo se divierten en los salones del cómic con sus trajes de Aquamán y mejor humor que costuras. Ningún niño sensato querría ser Pitiflús. Y no porque sea un personaje torturado, sometido por el ansia de venganza y decidido a impartir su justicia a tutiplén. No quieren ser Pitiflús porque Pitiflús es un moñas. Un quejica que se queja cuando lleva el traje pero también cuando no lo lleva. Que se tira a la primera que se le pone a tiro en lugar de esperar a la que realmente le interesa. Un ser aburrido y perezoso.

Cuando era pequeño y escuché a Michael Keaton decir “Soy Batman”, yo hubiera querido responder: “¡Y yo también! ¡Qué co$ones!”. Cuando pienso en Pitiflús entiendo perfectamente que Maggie Gyllenhaall estuviera más que dispuesta a dejarle por Dos Caras.

Incluso a quien le guste más el Batman “Dark Detective” de los setenta, con Englehart y Marshall Rogers, mucho más próximo a lo que intenta Nolan, estará conmigo de acuerdo en que Pitiflús no le llega a la suela de los zapatos a ese macho alfa capaz de seducir a Silver St. Cloud.

Pitiflús es tan perezoso que confía en que los Robin se le críen solos. Tan lerdo que no sabe pronunciar Ibiza y va dando lecciones a la peña sobre cómo hacerlo correctamente —“Se dice Aibiza”, responde a Catwoman en la fiesta de la VOS—. Tan idiota que no sólo permite que su mayordomo se despida sin dar los quince días de preaviso sino que, siendo incapaz de abrir la puerta de su propia casa, no se molesta en coger una llave. Pitiflus no es que sea un mal detective, sino que tendría serios problemas para ser el becario de Peter Griffin.

Si alguien me llega a decir hace diez años que llegaría a ver una película que mezcla Dark Knight Returns, No Man´s Land y Knightfall, jamás pensé que lo que más me podría gustar sería Bane, un personaje que en los tebeos no tiene ni la mitad de empaque y que Tom Hardy borda. O que la presentadora de los peores Oscar que recuerdo sería una sorpresa agradable.

Recuerdo una historia de No Man´s Land sobre cómo una manzana pasaba por distintas manos entre la grey de locos de Gotham como hilo conductor del nuevo ecosistema que allí se había creado. En Da Pitiflús Rise aparece, como un guiño al lector, la misma manzana.

Pero es una manzana sin sustancia, sin contenido, sin magia. Una manzana que no está a la altura. Como Pitiflús.




May
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Apr
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Los Vengadores (otra reseña)

Hace tiempo que no me molestaba en escribir una reseña sobre una película, pero ésta lo merece. Los Vengadores es la mejor película de superhéroes jamás rodada (TM9, y uno de los motivos que me hacen pensar eso es que las películas individuales de los personajes que utiliza ¡ni siquiera me mataron!

Capitán América me pareció correcta, Thor mediocre pero entretenida y con un casting cojonudo, las de Hulk sólo se salvaban durante los ratitos en los que el bicho repartía y normalmente eran escasos; la segunda de Iron Man me parece deleznable y me estropeó los buenos recuerdos que tenía de la primera. Ni siquiera la terminé.

¿Otra prueba? Aunque a mi mujer le gustó Thor (en parte por el actorazo que escogieron para Loki, también presente en Los Vengadores), el resto de las películas antes mencionadas las vio con una mezcla de aburrimiento y decepción. Con ésta se lo pasó teta. Incluso le dolió de la risa. Como tuvo la cesárea hace no demasiado y vino a ver la peli sólo por mi insistente presión, de lo mucho que se reía se le estiraban los puntos, con el subsiguiente dolor.

Así pues, lo mejor de todo es que esta película supera, de lejos, la suma de sus partes.

Es brillante, alegre, colorida. Una película de señores en pijama repartiendo candela y haciendo que el respetable se divierta y se emocione. Si hasta la Viuda Negra, que en Iron Man pintaba menos que Damien Hirst, tiene un papelón… Está llena de guiños a los lectores, pero juraría que cada uno de ellos tiene un pequeño giro que los hace incluso más divertidos. Por supuesto, tiene alguna que otra incoherencia y fallos de guión que disculpas porque ¡joder! ¡es un tebeo de señores en pijama, no La Regenta! Tiene tanto humor que agradecí verla en versión original y tengo dudas de que el doblaje aguante el tirón.

Tuve ganas de aplaudir, de jalear, de abrazar… Sólo os deseo una sala como la que me tocó a mí, porque si es así viviréis una experiencia que nos recuerda que a veces, sólo a veces, el cine es mucho más que un lugar en el que juntarse con un montón de gente para ver a solas una película.

Habrá quien diga que las pelis de Batman son mejores. Yo creo que son hasta géneros distintos. Spiderman 2 es la única película genuínamente superheroica que, en mi humilde opinión, aguanta el tirón.

Lo único que os puede fastidiar la experiencia somos todos los capullos entusiastas que quizá os estemos poniendo las expectativas por las nubes. Pero creo que no es casual que nos haya gustado a tanta gente. Aquí nadie va a ganar un Óscar, pero eso no quiere decir que no se pueda ganar un sitio especial en vuestros corazones.

Y el post-final tras los créditos… Vale que me lo esperaba, vale que incluso suponía por dónde iban a ir los tiros. Pero aquí es donde está el guiño definitivo, el regalo final para quienes llevamos años en esto. Algo sólo para nuestros ojos. Una frase que, como doblen mal, será para ejecutar a alguien…